Obstetricia - Parto respetado
Acompañamiento del post-parto, lactancia y crianza
¿Cómo se llega a ejercer la violencia en el medio sanitario? ¿Quién ejerce esta violencia? ¿Cómo es posible que médicos, matronas, enfermeras puedan hacer daño a las mujeres o incluso a los recién nacidos?
Humanizar: Hacer a alguien o algo humano, familiar y afable.
Ablandarse, desenojarse, hacerse benigno.
Deshumanizar: privar de caracteres humanos alguna cosa.
Deshumano : inhumano
Inhumano : falto de humanidad, cruel.
Cruel : que se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos. Insufrible, excesivo. Sangriento, duro, violento.
(Diccionario RAE)
A lo largo de los últimos años he acudido a diversas reuniones, mesas redondas y congresos científicos dedicados al tema de la humanización del nacimiento. En estas reuniones se suele hablar de las recomendaciones de la OMS para la atención del parto normal y de su habitual incumplimiento en los hospitales españoles. A menudo se señala que hay dos modelos de atención al parto: el natural frente al medicalizado, y se debate sobre qué ventajas ofrece cada uno. En algunas de estas reuniones se plantea la necesidad de ofrecer un parto natural a las usuarias que así lo deseen, es decir, a las mujeres que buscan otra cosa.
Al hablar de parto humanizado se incluyen debates diversos, como cuál es la postura ideal para dar a luz, qué profesional debe de atender el parto de bajo riesgo, cuál debe de ser el rol de la matrona, qué tasas de cesáreas o episiotomías son aceptables, cómo hay que decorar o iluminar las habitaciones de la maternidad, qué apoyo puede ofrecer el padre durante el parto, etc. Aunque se habla de la necesidad de humanizar el parto raramente se reconoce explícitamente que éste está deshumanizado, más bien se pasa de puntillas sobre este concepto, tal vez por un planteamiento de tipo constructivo o con buenas intenciones en el sentido de vamos a hablar de cómo mejorar las cosas en vez de criticar lo que estamos haciendo mal.
Sin embargo parece claro que cuándo se habla tanto de humanizar el parto es porque actualmente está deshumanizado, o lo que es lo mismo según la definición que la Real Academia de la Lengua Española da de deshumanizado, el modelo de atención actual es inhumano, falto de humanidad, cruel. La verdad es que dicho así suena bastante duro. ¿Es eso cierto? ¿Podemos realmente afirmar algo tan grave como que la atención al parto en los hospitales es cruel? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cómo puede ser que profesionales sanitarios traten de forma inhumana o cruel a las parturientas o a los recién nacidos? Intentaré responder a ambas cuestiones en el presente texto.
Para responder a la primera cuestión creo que es preciso plantearla en dos partes. En primer lugar cabe preguntarse ¿realmente hay un trato deshumanizado en la atención al parto? Si la respuesta fuese afirmativa, en segundo lugar habría que plantearse cuál es la prevalencia de dicho maltrato, o por decirlo de otra manera, cuál es la dimensión del problema, ya que habrá quien argumente que si el problema es poco frecuente o excepcional no podemos generalizar y decir que la atención al parto está deshumanizada.
La segunda pregunta hace referencia a cómo es posible que profesionales sanitarios maltraten a las madres o recién nacidos . Creo que es necesaria la comprensión de los procesos que pueden llevar a los profesionales sanitarios a ejercer un trato deshumanizado para poder plantear sobre que factores tendremos que actuar si verdaderamente deseamos humanizar el nacimiento.
¿Violencia en la atención al parto?
En el verano del 2001 dos madres fundamos un foro virtual de apoyo psicológico para madres que habían tenido una o más cesáreas. Nuestra idea era favorecer el apoyo mutuo entre madres cesareadas, ayudar en la preparación del parto vaginal después de cesárea y apoyar la lactancia. Poco a poco fueron llegando al foro madres que se habían sentido tristes, decepcionadas y/o frustradas tras sus cesáreas. Se creó un clima de grupo de autoayuda dónde muchas mujeres expresaban su malestar y referían que por primera vez se sentían escuchadas ya que lo que hasta entonces habían oído en su entorno más cercano era algo así como de que te quejas si tienes un bebé sano.
Al foro pronto se sumaron otras madres que sin haber tenido una cesárea se sentían igualmente traumatizadas por sus partos vaginales. En muchos de los testimonios recogidos a la experiencia de la cesárea o del parto vaginal se sumó una situación de pésima atención hacia la mujer por parte de los profesionales sanitarios que le atendían. Muchas mujeres se sorprendían al comprobar que lo que se les había hecho en sus partos eran prácticas absolutamente desaconsejadas por la Organización Mundial de la Salud. En muchos de los testimonios quedaba patente una falta de sensibilidad por parte de los profesionales sanitarios hacia la parturienta. En algunos casos esa falta era mucho más grave: había madres que referían haber recibido un trato vejatorio y humillante por parte de los profesionales. A lo largo de estos años hemos recibido más de 40000 mensajes y el foro cuenta con más de mil suscriptores en la actualidad. A diario nos siguen llegando nuevos testimonios de madres o embarazadas que relatan con detalle el trato que reciben por parte de los profesionales.
Cómo decía, en muchos de estos testimonios hay un claro maltrato por parte de los profesionales y la institución sanitaria hacia las madres y los niños. Las formas de maltrato pueden ser diversas:
La experiencia del Foro Apoyocesareas (que continua activo en la actualidad), los numerosos testimonios recogidos a lo largo de estos años, y las tasas de episiotomías, cesáreas e ingresos en UCIs neonatales donde apenas se permite el acceso de los padres, nos confirman que efectivamente existe una deshumanización considerable en la atención al parto y al recién nacido.
¿Cuál es la prevalencia del problema? La falta de estudios en nuestro medio nos impide dar unas cifras reales o aproximadas del número de mujeres que se ven expuestas a dicho maltrato. Desde la asociación El Parto Es Nuestro se ha iniciado una campaña con el fin de facilitar la recogida y el acceso a los datos objetivos de la atención al parto. Sigue siendo necesario el desarrollo de investigaciones y trabajos de campo que estimen la prevalencia y características en nuestro medio de patologías como el síndrome de estrés postraumático tras el parto u otras.
En cualquier caso si queremos ayudar a reparar el sufrimiento de las víctimas conviene empezar a llamar a las cosas por su nombre. No queda más remedio que hablar de la violencia en el parto .
Sin embargo cuándo decimos que se trata de una situación de violencia contra la mujer nos encontramos con que no se nos quiere oír o bien se nos tacha de exageradas o de radicales. En el mejor de los casos se dice que se trata de mujeres decepcionadas o frustradas por no haber parido, que necesitan un tratamiento psicológico para aceptarlo. Efectivamente muchas de estas mujeres podrían beneficiarse de un apoyo psicológico, pero mientras no se reconozca que esto es violencia poco podemos avanzar.
Cuando no hay sensibilidad hacia la violencia y no se reconoce su existencia, sus consecuencias psicológicas son mayores y es menos probable que la mujer busque ayuda (Informe de Amnistía Internacional).
¿Es violencia de género?
Amnistía Internacional define la violencia de género cómo: Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada. En cierto modo puesto que las parturientas son siempre mujeres podríamos argumentar que la violencia en el parto es también de género. Sin embargo el mismo informe de Amnistía Internacional matiza:
La violencia contra la mujer es uno de los mecanismos fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto al hombre.
Parece claro que en algunos partos los profesionales actúan desde un lugar de poder y ejercen un trato ciertamente violento contra la mujer, que en un momento tan crítico como el parto es especialmente vulnerable al sufrimiento psicológico de dicho maltrato. Por decirlo de otra manera, precisamente en el parto es cuándo más daño le pueden a hacer a la mujer comentarios, gestos o incluso miradas que en otro momento vital tal vez no le hubiesen afectado lo más mínimo. Precisamente por esa vulnerabilidad intrínseca al parto el impacto de dicho maltrato es significativamente mayor, ya que la indefensión de la mujer es máxima.
Sin embargo asumir que dichos profesionales actúen así con la intención de someter a la mujer puede ser erróneo o dar lugar a cierta confusión que poco nos permita avanzar en las causas de esta situación. La mayoría de los médicos y matronas optaron por su profesión con una motivación de ayuda y de hecho buena parte de esos profesionales son mujeres. ¿Podemos decir que las mismas matronas o mujeres ginecólogas ejercen la violencia contra la mujer con el fin de someterla? No nos parece que este sea el caso.
Primero por el contexto donde sucede la violencia, es decir, el medio hospitalario, con unas características que marcan la relación entre profesional y parturienta, bastante diferente de la relación de pareja donde acontece la violencia doméstica. En torno a la violencia de género hay diversos modelos teóricos que explican los mecanismos que llevan al hombre a convertirse en agresor. Pero estos modelos no pueden ser aplicados a esta situación en el parto. De hecho la mayoría de los profesionales como decíamos anteriormente tenían o tienen una vocación de ayuda en su relación con las embarazadas o parturientas. En casi todos los tipos de violencia el agresor ha sido previamente víctima, pero ¿y aquí? ¿De que clase de violencia han sido o son víctimas los profesionales sanitarios?
Tal vez el término violencia sanitaria sea el más adecuado, si entendemos como tal la violencia que sucede en el sistema sanitario o yendo más lejos en el contexto de la relación entre profesionales sanitarios y usuarios. El término nos permite analizar dos fenómenos: la violencia que padecen algunas madres, pero también la que van a padecer muchos profesionales, como si se tratara de dos caras de una misma moneda. Cómo vamos a ver la violencia en este contexto puede ser bidireccional.
Pasemos ahora a la segunda cuestión. ¿Cómo es posible que los profesionales traten mal a las parturientas? ¿Porqué lo hacen? ¿Es ignorancia, miedo, maldad o perversión?
La violencia que padecen los profesionales sanitarios
¿Cómo se llega a ejercer la violencia en el medio sanitario? ¿Quién ejerce esta violencia? ¿Cómo es posible que médicos, matronas, enfermeras puedan hacer daño a las mujeres o incluso a los recién nacidos? Muchas madres se hacen estas preguntas después de sus partos o cuándo descubren que las cosas podían haber sido de otra manera.
Continuando con la experiencia que mencionaba anteriormente del Foro Apoyocesáreas, debo decir que a lo largo del tiempo se han apuntado a nuestro foro numerosos profesionales, matronas, obstetras, pediatras...Muchos de ellos expresaban su deseo e incluso necesidad de poder cambiar el modelo de atención, pero sobre todo hablaban también de su propio sufrimiento y soledad en su trabajo asistencial. Sus testimonios (y mi propia experiencia como psiquiatra en la red pública) me han permitido entender que en realidad los profesionales sanitarios también son víctimas de la violencia sanitaria, lo que les permite tristemente poder convertirse en agresores.
El sistema sanitario tal y como está planteado es violento contra los profesionales al negar su dimensión emocional. Desde muy temprano, al inicio de los estudios de medicina o enfermería, y más aún durante el período de residencia se silencian sistemáticamente todos los aspectos relacionados con el psiquismo y la vida emocional del profesional. Se aprende a negar los aspectos personales bajo el mito de que lo personal no debe influir en lo profesional. En nombre de la ciencia se enseña a callar las propias emociones, a negar el impacto inevitable que el ejercicio de la medicina o la matronería tiene sobre la vida de quién la ejerce. Se aprende a seguir protocolos y aplicar procedimientos, pero casi ningún profesional recibe formación sobre técnicas de comunicación, relación terapéutica, o incluso trabajo en equipo. Los profesionales aprenden a ejecutar técnicas pero no a hablar de sí mismos. No está previsto, no existe, ni siquiera quién lo busque tendrá fácil encontrar un lugar donde poder hablar de lo difícil que es a veces trabajar con la vida y la muerte, o incluso del propio miedo. Está negación produce un efecto desastroso y catastrófico.
¿Cómo va a ser posible ponerse en el lugar del otro o escucharle si nadie te ha escuchado? En nombre de la medicina se aprende a rechazar las propias emociones o a silenciar las dudas, la incertidumbre, el sufrimiento. El coste es altísimo. Los profesionales anulan su parte más humana en nombre de la medicina o simplemente abandonan: el camino para el síndrome de burnout está sembrado. Este síndrome es lo que se conoce como estar quemado y afecta sobre todo a profesionales sanitarios y/o de ayuda.
El concepto de quemarse en el trabajo fue descrito por primera vez por un psiquiatra, Herbert Freudenberger , en 1974 en EEUU. Freudenberger observó que hacia el año de empezar a trabajar en una clínica de ayuda a toxicómanos algunos de los trabajadores y voluntarios sufrían una pérdida progresiva de energía, con agotamiento, desmotivación por el trabajo y síntomas de ansiedad y depresión. Estos trabajadores que anteriormente habían sido los más entusiastas, se volvían menos sensibles, poco comprensivos y hasta agresivos en relación con los pacientes, llegando a mostrarse indiferentes e incluso cínicos. Para describir este patrón conductual utilizó la expresión burnout , o estar quemado. A finales de la misma década, Cristina Maslach , una psicóloga californiana, retomó el término y lo aplicó al síndrome emocional que venía observando en los profesionales de ayuda a personas. En 1981, Maslach definió el síndrome de burnout cómo:
Pérdida de interés por la gente con la que se trabaja. Se caracteriza por un agotamiento emocional en el que el profesional ya no tiene ningún sentimiento positivo, simpatía o respeto hacia los pacientes o clientes.
El síndrome era fácilmente reconocible para los profesionales de los servicios humanos y tuvo gran aceptación en la comunidad científica. En 1986 Maslach publica la definición más conocida y aceptada del burnout :
Síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal que puede ocurrir entre individuos que trabajan con personas.
En síntesis, el síndrome de burnout incluye los siguientes aspectos:
La mayoría de los autores que han estudiado el síndrome lo califican de proceso. Cherniss en 1980 lo describió como un proceso en el que las actitudes y conductas cambian de forma negativa en respuesta al estrés laboral . El proceso de quemarse puede ser percibido conscientemente por la persona afectada o puede negarse y mantenerse sin ser reconocido por mucho tiempo. Efectivamente, el síndrome de burnout y especialmente el eje de la despersonalización explica en cierto modo como llegan algunos profesionales de la obstetricia a tratar de forma deshumanizada a mujeres y pacientes o usuarios. Hay muchos modelos teóricos sobre las causas del síndrome y su desarrollo, en los que no entraré.
No obstante considero que la relación profesional del obstetra o matrona con la mujer parturienta tienen algunas características que interesa analizar en mayor profundidad para entender como y cuándo puede surgir la violencia.
En síntesis, para ejercer la medicina o la matronería en nombre de la ciencia y de la presunta objetividad se nos enseña sutilmente que hay que anular una parte de nosotros mismos, y que es precisamente la más cálida, cariñosa e intuitiva. Cuanto mayor es esa anulación mayor el sufrimiento emocional y las posibilidades de terminar maltratando Anular o negar ese sufrimiento propio termina también con la empatía, ¿si no soy consciente de mi propio sufrimiento como voy a percibir el del otro?
¿Humanizar el parto?
Está claro que es necesario humanizar el parto. Pero cualquier iniciativa que quiera prosperar deberá partir reconociendo que en el sistema actual ambas partes son víctimas de la violencia , y por lo tanto ambas partes pueden agredir al otro (bien con un trato inhumano, bien con las exigencias de omnipotencia, denuncias etc...) Por eso más que invertir en tecnologías o paritorios lo razonable sería reflexionar sobre la relaciones humanas y profesionales que suceden en torno al parto, reconociendo que todas las partes están expuestas a lo mejor y a lo peor en un momento trascendental de la vida.
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